El pueblo de Colón mudó su alegría a Asunción y quiere ser campeón de la Copa Sudamericana

Están los dos amigos que vinieron en una casa rodante. Está el pibe que viajó en bicicleta desde el martes. Está la chica que se había olvidado la entrada en una estación de servicio en Formosa y logró recuperarla. Está Omar, el abuelo que conmovió al fútbol en Belo Horizonte. Están los que llegaron en…

El pueblo de Colón mudó su alegría a Asunción y quiere ser campeón de la Copa Sudamericana

Están los dos amigos que vinieron en una casa rodante. Está el pibe que viajó en bicicleta desde el martes. Está la chica que se había olvidado la entrada en una estación de servicio en Formosa y logró recuperarla. Está Omar, el abuelo que conmovió al fútbol en Belo Horizonte. Están los que llegaron en balsa.

Está el Bichi Fuertes, el Loco González, Pancho Ferraro, están Los Palmeras. Y estarán también todos los que irán al Cementerio de los Elefantes a seguir a través de dos pantallas gigantes la final de la Copa Sudamericana entre Colón e Independiente del Valle.

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El paso fronterizo Clorinda-Puerto Falcón fue una peregrinación constante rojinegra. Otros cientos de autos llegaron por Yacyretá. Cerca de 300 micros que salieron del club recorrieron los 878 kilómetros desde la capital santafesina hasta Asunción.

La fila de autos con hinchas de Colón en Clorinda, este viernes rumbo a Asunción. (AFP)

Parte del hormiguero desparramado se unió en la Costanera, a la vera del río Paraguay. Ahí hubo carpas y una fila interminable de autos en la banquina esperando que el reloj avanzara y llegara el momento esperado. También hubo un banderazo en la noche del viernes en la puerta del hotel Sheraton para apaciguar la ansiedad.

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Tanta fue la fiesta afuera que todo el plantel salió al encuentro de la gente. Y así vive Colón la previa. Con los pibes del club como Alex Vigo o Chancalay con los ojos vidriosos, con Estigarribia a los saltos en su tierra natal, con Fernando Zuqui aplaudiendo con su hijo en brazos, con el Pulga Rodríguez haciendo selfies contra las vallas para que aparezcan en la pantalla la mayor cantidad de hinchas posibles. Con humo rojo sobrevolando la avenida Aviadores del Chaco. Y con todo un pueblo movilizado.

La fila de autos con hinchas de Colón en Clorinda, este viernes rumbo a Asunción. (AFP)

Lavallén dice que no hay mañana. Que es la oportunidad que el club esperó toda su vida y que por la calle se cruza a muchos hinchas que le hablan de familiares que ya no están y que hubieran deseado ser uno más aquí en Asunción.

Es que Colón le apunta al corazón y el técnico no duda en resaltarlo. Resulta difícil de encontrar una final en una sede neutral que presente semejante diferencia de público como la que habrá en la Nueva Olla.

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Alrededor de 30 mil sabaleros tienen su lugar asegurado en el estadio y varios miles estarán expectantes afuera, en las calles y en el Fan Fest. Enfrente, serán sólo 700 los hinchas de Independiente del Valle que también buscan el primer título de su historia.

Pero además de aferrarse al corazón, Colón se abraza al disfrute. “Nos toca ser unos privilegiados -avisa Lavallén-. Es el partido más importante de mi carrera como DT, el más importante de la historia del club, el de muchos de los jugadores que dirijo y el de toda la gente. No es fácil salir campeón. Muchos completan su carrera y no lo logran; nosotros estamos ante esa chance única”.

El único lunar en la antesala de la final fue la lesión de Rodrigo Aliendro, que en la práctica del viernes sintió una molestia en el aductor derecho mientras ensayaba penales y se perderá la final: será reemplazado por Christian Bernardi.

Lo que viene trae el sabor tentador de lo desconocido para Colón. Trae olor a nuevo. Y se entusiasman, claro. Saben que salir campeón abre las puertas a nuevas aventuras. Que levantando la Sudamericana inmediatamente abrocharían la clasificación a la próxima Libertadores y al Mundial de Clubes 2021. Y que por si fuera poco buscarían bordar más estrellas con la Recopa y la Suruga Bank. Saben en el club también que ingresarán alrededor de 15 millones de dólares entre premios y recaudaciones.

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Pero es aquí y ahora. Y el pueblo sabalero ya tiene anécdotas para contar toda su vida. En los hoteles, en los shoppings, en los pasos fronterizos se dieron encuentros como si estuvieran en la verdulería del barrio. Familias enteras que se saludaban con el mismo objetivo, que se preguntaban cómo anda la vida, si llegaron en auto, en avión o en micro, cuántos más están viniendo o dónde piensan comer a la noche.

Lo que no se preguntaron es por qué están ahí. Eso lo saben todos. El sueño de ser campeón está a un paso. Lo separan 90 minutos. O un poco más si la definición se estira al alargue o a los penales.

Nadie se lo quiere perder. Nunca antes habían estado tan cerca en 114 años. Por eso están acá. Por la oportunidad de que el fútbol les mejore su vida. 

Asunción, Paraguay. Enviado especial

HS

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