Boca: la concentración como remedio para escapar del clima enrarecido antes del superclásico

Gustavo Alfaro y Wanchope Ábila, en el centro de la atención xeneize luego de las amenazas recibidas Fuente: FotoBAIRES 9 de octubre de 2019  • 00:01 Todo apunta a una fecha, todo se reduce a un partido, todo se condensa en un rival. El martes 22 de octubre la Bombonera será el escenario del juego…

Boca: la concentración como remedio para escapar del clima enrarecido antes del superclásico

Gustavo Alfaro y Wanchope Ábila, en el centro de la atención xeneize luego de las amenazas recibidas Fuente: FotoBAIRES
9 de octubre de 2019  • 00:01

Todo apunta a una fecha, todo se reduce a un partido, todo se condensa en un rival. El martes 22 de octubre la Bombonera será el escenario del juego más trascendente de
Boca, desde la final de la
Copa Libertadores de diciembre pasado, en Madrid. Otra instancia, el mismo rival. El encuentro desquite de las semifinales del máximo torneo continental de clubes no se presenta una revancha, aunque sí como una vara elevada que expone realidades.

Revertir un 0-2 ante
River es un desafío que pondrá a prueba varias aristas: resultará determinante para el futuro institucional, en un año de elecciones; el proyecto futbolístico también puede saltar por el aire y la continuidad de muchos jugadores para 2020 dependerá de lo que suceda en esa noche en La Boca. Un partido que descubre demasiados frentes que atender, un cotejo que se lleva por delante las estadísticas del equipo que marcha puntero e invicto en la
Superliga, un juego que precisa de un tránsito en armonía. Aunque Boca se empecina, desde adentro y con hechos externos pero que influyen en el grupo, con enrarecer el clima.

Cuando el manual del director técnico
Gustavo Alfaro tenía que ser una guía segura, Boca se salió del eje: lo asaltaron las debilidades futbolísticas, esas que quedaron en evidencia en la derrota en el Monumental y que tuvieron una continuidad, a pesar del éxito por 1-0 sobre Defensa y Justicia en el torneo doméstico. El poder de fuego
tampoco es el de antes -seis goles en ocho partidos- y los
xeneizes deben recuperarlo de manera forzosa para encarrilar la serie con River.


Uno de los ensayos de Boca, en el complejo Pompilio Fuente: FotoBAIRES

Pero ahí explota un nuevo contratiempo: las lesiones y, en particular, la de
Wanchope Ábila, la referencia de área, que sufre un cuarto impasse en el año. Desde el club no enseñaron un parte médico, aunque se trataría de una nueva molestia en el sóleo izquierdo -los más pesimistas aseveran que es un desgarro-, producto del esfuerzo. La nueva lesión se produjo el sábado, durante los trabajos de pelota parada, en el complejo Pedro Pompilio.

La figura de Ábila sumó un capítulo ajeno al presente futbolístico, aunque el hecho enmudeció y preocupó a todos: el artillero denunció que la familia fue amenazada a través de un llamado telefónico, en el que le dieron detalles del lugar donde viven su hijo, su exposa y sus padres. La denuncia fue realizada el sábado a la tarde, aunque la comunicación se realizó el día anterior. En ese llamado, le dijeron que secuestrarían al padre del goleador. Desde entonces, la Justicia determinó que la familia tenga custodia, ya sea en Córdoba como en el Gran Buenos Aires, donde vive el atacante.

La conmoción que generó la amenaza que recibió Ábila dejó en un segundo plano los cuestionamientos públicos que ensayaron Carlos Tevez y Mauro Zárate, sobre el juego de Boca. “Es importante ganar, pero es importante que empecemos a jugar bien al fútbol, a hacerle un poco más de daño a los rivales. Hay que encontrar la mejor forma de cada uno así se refleja en el equipo y no tanto en la pelota parada o llegar tambaleando al gol”, fue la sugerencia del
Apache, que en Florencio Varela fue suplente y reemplazó, en el segundo tiempo, a Zárate. En el mismo sentido se expresó el atacante que surgió en Vélez: “Nos faltó jugar, nos costó jugar. Tenemos que encontrar un mejor funcionamiento cuando tenemos la pelota”. Muy lejos de deslegitimar las órdenes de Alfaro, la realidad expuso que Boca, ante River como el domingo frente a Defensa y Justicia, en contadas oportunidades descubrió el camino para poner en aprietos a los arqueros rivales.

Sin actividad por la ventana FIFA, Boca ensayará una concentración hasta el sábado en el hotel Madero; como es habitual, los entrenamientos se desarrollarán en el el complejo Pompilio. En 13 días, los
xeneizes expondrán el trabajo de un año, aunque el entrenador Alfaro, en conferencia de prensa, desestime que la evaluación de su tarea se reduzca a los dos encuentros con River, por la Copa Libertadores. Aislarse del ruido externo y evitar movimientos que desestabilicen deberán ir en sintonía con encontrar la unión del grupo y las herramientas futbolísticas para dar vuelta la serie.

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