Wimbledon: La ofensa del italiano Fognini que abrió viejas heridas de guerra

Fuente: AP LONDRES.- Durante la Segunda Guerra Mundial, Wimbledon canceló sus torneos. Las instalaciones del All England Lawn Tennis Club se convirtieron en un refugio civil. Los cuerpos de bomberos y médicos agruparon las ambulancias allí. El barrio de Wimbledon siempre fue un objetivo de la Luftwaffe, la fuerza aérea de Alemania en la época…

Wimbledon: La ofensa del italiano Fognini que abrió viejas heridas de guerra

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LONDRES.- Durante la Segunda Guerra Mundial, Wimbledon canceló sus torneos. Las instalaciones del All England Lawn Tennis Club se convirtieron en un refugio civil. Los cuerpos de bomberos y médicos agruparon las ambulancias allí. El barrio de Wimbledon siempre fue un objetivo de la Luftwaffe, la fuerza aérea de Alemania en la época nazi. Los germanos estaban decididos a castigar a Gran Bretaña por vía aérea ante la potencia naval de los Royal Marines. Adolf Hitler, según apunta Pedro Hernández, periodista español e historiador del tenis, conocía que Wimbledon era un barrio importante en las tareas de guerra, con fábricas de armamento y un comercio de juguetes transformado en un centro de montaje de ametralladoras. También Wimbledon era una zona residencial en la que vivían militares de alto rango. Estaba bajo la lupa.

Fue así como el 11 de octubre de 1940, un ataque aéreo nazi dejó caer cinco bombas de más de 200 kilos sobre el All England. La primera destrozó el tejado del club house; la segunda cayó sobre el techo de las tribunas del court central; la tercera en Church Road, la calle que serpentea el club; y las dos últimas dejaron cráteres en el campo de golf contiguo. El daño en el Centre Court afectó a 1200 butacas. Todavía hoy se siguen encontrando bombas pertenecientes a la guerra; según los historiadores, arrojaron cerca de 24.000 toneladas de explosivos en esta ciudad, pero el 10 % de todas las bombas que cayeron no detonaron.

Antes del estallido del conflicto bélico, la única conexión del Führer con Wimbledon había sido, según los registros, en 1937. Y no fue durante el tradicional certamen británico, sino en la final de la Copa Davis que disputaron Alemania y los Estados Unidos, sobre el césped del All England (triunfaron los norteamericanos por 3-2). Antes del decisivo quinto punto entre Don Budge y Gottfried Von Cramm, éste recibió un llamado de Hitler para desearle “suerte”. Pero fue Budge, una leyenda del deporte de las raquetas en EE.UU., quien definió la serie con una victoria por 6-8, 5-7, 6-4, 6-2 y 8-6.


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Por la Segunda Guerra Mundial, Wimbledon canceló su vida entre 1940 y 1945. Para el torneo -y para el país, lógicamente- se trató de un período oscuro. Wimbledon recuperó su torneo en 1946 y el ganador masculino fue el francés Yvon Petra, quien había sido obligado a hacer el servicio militar, luchó en el conflicto, fue tomado como prisionero de los alemanes y había estado en un campo de concentración, donde sufrió una grave lesión de rodilla. La historia dice que la popularidad que había adquirido como tenista lo salvó, porque recibió un trato preferencial, fue enviado a un cirujano y liberado en 1942.

Las guerras dejan heridas, heridas imposibles de cicatrizar.

Son las 13.36 de un sábado agradable en Londres. El All England es un hormiguero; hay gente por cada rincón. Hasta un campeón del Mundo en México 86, como Jorge Burruchaga, está en el club (acompañando a Román, uno de sus hijos, que el lunes actúa en el cuadro de juniors de Wimbledon). En la cancha número 14, un recinto de escasa capacidad, con tribunas abiertas y en el que el bullicio del público se filtra y perturba bastante más a los jugadores que en los estadios, se enfrentan, por la tercera ronda, el italiano Fabio Fognini (32 años; 10° del ranking y 12° cabeza de serie) y el estadounidense Tennys Sandgren (27; 94°).

Van 55 minutos de juego. Sandgren ganó el primer parcial, por 6-3. Es momento del saque de Fognini, con el marcador 2-2 y 40-0. Sin embargo, algo sucede y el portugués Carlos Ramos, el umpire, le pide al italiano que se detenga unos segundos. Pero éste, sin paciencia y sintiendo que le faltaron el respeto por haberlo programado en una cancha secundaria, mira hacia el rincón donde están ubicados los integrantes de su equipo y dispara, en su idioma nativo, sin medir consecuencias: “¿Es justo que tenga que jugar aquí? ¡Malditos ingleses! Espero que estalle una bomba en este club. Una bomba tendría que explotar aquí”. Las cámaras lo captan y se genera una bola de nieve atiborrada de irritación por parte de los británicos, de los más jóvenes y de los más longevos. “¿Este señor no sabe que aquí sí cayó una bomba?”, repetían varios ingleses después del partido, ganado por Sandgren por 6-3, 7-6 (14-12) y 6-3, en dos horas y 28 minutos. Probablemente, cuando Fognini salió de la cancha rumbo al vestuario, no sospecharía lo que le esperaría. O sí.

El italiano tiene dos versiones en el court: cuando compite con ganas y despliega -gane o pierda- su gran talento o cuando lo dominan los demonios y la indisciplina lo hace cruzar la barrera de lo permitido, hasta moralmente hablando. Lo paradójico es que la bochornosa despedida de Fognini se produce pocos días después de que la ATP lo premiara, en Wimbledon, por haber ingresado en el Top 10 a partir de todo lo positivo realizado bajo la conducción del coach argentino Franco Davin. Fogna se convirtió en el tercer italiano en ingresar en ese grupo selecto, tras Adriano Panatta y Corrado Barazzutti.

A su manera, con respuestas cortas y algunas ironías, Fognini se disculpó en la rueda de prensa, aunque se mostró a la defensiva cuando un periodista le contó que las cámaras de TV lo habían tomado diciendo lo que dijo. “La cancha no estaba realmente bien, ¿sabes? ¿tú haces deporte?”, lo probó al periodista.

-No tan bien como tú (fue la respuesta del cronista).

-Cuando estás mucho tiempo en la cancha acabas frustrado. No estoy contento de mi actuación porque tenía mucho que ganar. Ocurrió algo en la cancha, y si he molestado a alguien, tengo que pedir perdón.

A Fognini se le insistió sobre el asunto espinoso y hasta se le recordó que ya fue suspendido por dos Grand Slams y multado económicamente por insultar a una jueza de línea en el US Open 2017 (le dijo: ‘Troia bocchinara’ [Pu. chupap.]). Pero, incómodo, contestó: “Ya se lo he dicho a tu compañero. Siguiente pregunta”. Claro que a la siguiente consulta, respondió con poca gana. “He dicho lo siento. Si he ofendido a alguien, lo siento. No hay problema”.

Tras aquel desagradable momento en Nueva York, el Comité del Grand Slam le otorgó una suspensión condicional a Fognini que sería efectiva si volvía a cometer una infracción grave antes., del final de esta temporada. Ahora es Wimbledon quien tiene el poder para decidir si lo sanciona o no.

Hay heridas que son imposibles de cicatrizar.

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