A 25 años del último partido de Maradona en la Selección: la nota improvisada y a corazón abierto con Clarín apenas se conoció la sanción

El entusiasmo que había despertado el comienzo del Mundial de 1994 parecía contagioso. La goleada ante Grecia y el triunfo frente a Nigeria empezaron a abrir las cuentas de una Copa exitosa. Muy exitosa, en los cálculos. El equipo de Basile había mostrado solidez, más allá de la apuesta ultraofensiva con Caniggia-Batistuta más Maradona (en…

A 25 años del último partido de Maradona en la Selección: la nota improvisada y a corazón abierto con Clarín apenas se conoció la sanción

El entusiasmo que había despertado el comienzo del Mundial de 1994 parecía contagioso. La goleada ante Grecia y el triunfo frente a Nigeria empezaron a abrir las cuentas de una Copa exitosa. Muy exitosa, en los cálculos. El equipo de Basile había mostrado solidez, más allá de la apuesta ultraofensiva con Caniggia-Batistuta más Maradona (en excelente versión) y Balbo, como atacantes. Protegidos por Redondo y Simeone. Todo venía sobre rieles. La delegación de Clarín era numerosa. Y la enorme geografía de los Estados Unidos obligaba a los traslados aéreos de una sede a otra. Porque había que cubrir “todos” los partidos a pura presencia.

Después de la victoria ante los africanos, en Boston, este cronista viajó a Washington para ver el empate entre Italia y México. Y arribó a Dallas (la ciudad del asesinato de John Kennedy, el 29 de junio. Allí se jugaría -al día siguiente- el partido contra Bulgaria.

El impacto del doping de Maradona en Clarín, en 1994.

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El calor era demoledor. La idea era descansar con el aire acondicionado del hotel hasta la hora del reconocimiento del campo del Cotton Bowl sobre el final de la tarde. Pero llegó la noticia al “campamento”. Primero como rumor. Y hubo que salir a cubrir la supuesta información al hotel de la FIFA, al de la delegación argentina, a todas partes, bajo el rayo del sol. Se sabía que tras el partido de Nigeria habían concurrido al control antidopaje Diego Maradona (la histórica imagen de la enfermera llevándolo de la mano desde la misma cancha) y Sergio Vázquez. Y se decía que había resultado un “positivo”.

Fuimos al entrenamiento para comprobar algún indicio. Nuestro compañero inseparable, el Negro Fontanarrosa, estaba atento a todos los movimientos de Diego. Parecía contento. Jugueteaba con la pelota y se ubicaba como arquero. “No puede ser”, decíamos, escrutando cada gesto. Hasta que al final de la práctica el mismísimo Julio Grondona reunió a los periodistas argentinos en un costado de la cancha y dio la noticia del “positivo”. Pero sin especificar que se tratara de Maradona el supuesto infractor. No se podían tener dudas, diría Perogrullo. Pero la confirmación llegó en en un restorán donde todos los enviados coincidimos con los dirigentes para la cena. La muestra era la de Diego y la contraprueba confirmaba la presencia de la efedrina prohibida.

Maradona en el aeropuerto, con la noticia confirmada. (Foto: Archivo Clarín)

A Maradona lo acompañaban en Estados Unidos su esposa Claudia, sus hijas Dalma y Giannina, y Daniel Cerrini, un fisicoculturista que le había armado un tratamiento dietético a espaldas del doctor Ugalde, el médico de la delegación. Maradona fue sancionado y Grondona lo excluyó de la delegación para evitar una supuesta pena a la Selección entera, se dijo.

Con la funesta noticia flotando, Basile tuvo que rearmar el equipo. Caniggia -que estaba sentido- debió dejar su puesto al debut del Burrito Ortega, en pleno partido en el que Leo Rodríguez volvió a la titularidad. Se dio la irremediable derrota ante Bulgaria. Y la Selección, tercera en su grupo, debió viajar a Los Angeles para enfrentar a Rumania en octavos de final.

El impacto del doping de Maradona en Clarín, en 1994.

Nosotros teníamos que volver a la costa este para buscar nuestros equipajes (habían quedado en Boston). Nos esperaban tres horas desde Dallas y luego cinco y media para hacer Boston-Los Angeles. Pero pasó algo fundamental para nuestra misión periodística. A las 5 de la mañana del 1 de julio estábamos en el Aeropuerto de Dallas esperando para embarcar en un lugar gigantesco y semidesierto.

Alejados, en un sillón aislado descubrimos a Diego Maradona junto con Carmondo, el masajista italiano que lo acompañaba en todo momento. Fernando Signorini, el preparador físico personal de Diego, había ido a realizar los trámites administrativos para el vuelo de ellos hacia otro destino. Maradona estaba “distanciado” de Clarín para las notas exclusivas. Sin razones sabidas por nosotros.

Maradona firma un autógrafo, con la decepción en el rostro. (Foto: Archivo Clarín)

Éramos 10, contando a los fotógrafos Martín Acosta y Carlos Sarraf. Con la complicidad de todo el grupo, el Negro Fontanarrosa, nuestro embajador, querido por todo el mundo, se fue acercando al sillón. Por supuesto, Diego empezó a dialogar con él, contestando las trivialidades del extraordinario dibujante y escritor. Sigilosamente nos fuimos acercando con el Negro Cardozo, el Flaco Aisenberg, Mariano Hamilton, Luis Diéguez y algunos más. Y formamos un semicírculo sentados en el suelo. La charla se fue soltando lentamente. Estaba realmente compungido. Y enojado.

El impacto del doping de Maradona en Clarín, en 1994.

“Tomé unas pastillas como quien toma aspirinas. Es cierto que me las dio Cerrini y que no le avisamos al doctor Ugalde. No sabíamos que tenían un componente que aquí está prohibido. Me podrían haber dado una o dos fechas….” Estuvimos casi una hora hablando amablemente. Nadie había anotado nada. Y no se encendió ningún grabador. Hasta que este periodista se animó y le dijo “Diego, vamos a publicar esta nota en Clarín. No la podemos perder…” Hizo un gesto de duda o de protesta…Pero estaba golpeado. Y dijo: “Ma sí, publicala…” Pero no quería fotos. Aunque aceptó un par de flashes. Y enfilamos para Boston. Allí teníamos algunos entre tres o cuatro horas para ir hacia Los Angeles.

El impacto del doping de Maradona en Clarín, en 1994.

Había que escribir vertiginosamente con el aporte de todos. Un recuadro de Cardozo, otro de Aisenberg. Y Hamilton y yo -que viajábamos más tarde- tecleamos sin cesar con la incipiente tecnología. Y llenamos 8 páginas de un suplemento. El título principal fue “Me equivoqué” bajo la volanta “A solas con Maradona. Y, claro, el EXCLUSIVO, lógico. Volvimos a cruzar Estados Unidos de costa a costa y vimos la triste e inmerecida derrota ante Rumania. Final de una ilusión. Y la renuncia del Coco Basile.

El impacto del doping de Maradona en Clarín, en 1994.

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