La cosecha gruesa tiene dos caras

Pujanza e incertidumbre se mezclan en plena cosecha 30 de marzo de 2019  • 03:00 Hay dos caras en el comienzo de la cosecha gruesa. Por un lado, la de la pujanza, por el avance de la trilla con rindes de maíz y soja en la zona núcleo por encima del promedio, que coinciden con…

La cosecha gruesa tiene dos caras

Pujanza e incertidumbre se mezclan en plena cosecha
30 de marzo de 2019  • 03:00

Hay dos caras en el comienzo de la cosecha gruesa. Por un lado, la de la pujanza, por el avance de la trilla con rindes de maíz y soja en la zona núcleo por encima del promedio, que coinciden con las estimaciones más optimistas del comienzo de la campaña. Y, por el otro, la de la incertidumbre, con una economía marcada por la inestabilidad cambiaria, las elevadas tasas de interés, la inflación, una fuerte presión impositiva y la falta de certeza propia de un año electoral.

Por la primera de las caras, al campo se lo ve como una de las pocas actividades vigorosas de la economía. Por la segunda, en cambio, hay una zona de oscuridad en la que el “círculo rojo” quiere que el campo saque al país de la crisis con las divisas genuinas que genera por exportaciones.

En estos círculos, que a veces tienen voceros públicos y otras se mueven en las sombras para instalar sus visiones, poco importa la realidad diversa de la producción agropecuaria. No distinguen entre quienes en la campaña pasada recibieron el duro golpe de la sequía y quedaron en una mala situación financiera o quienes no se vieron afectados por el fenómeno climático o se recuperaron con el trigo. A todos se les pide que “vendan la cosecha” y traigan los “dólares del campo”.

El Gobierno no es ajeno a esto. Ante la imposibilidad de actuar en el mercado de cambios por el acuerdo con el FMI, hace trascender las proyecciones sobre el ingreso de divisas de la actividad para intentar frenar la escalada del billete norteamericano. En vez de aclarar, oscurece. Los ritmos de venta de la producción están atravesados por variables micro y macro que, a esta altura, son muy conocidas.

“Hoy la enfermedad es la inflación, el dólar y las tasas son el síntoma; el cóctel es explosivo”, dice Dardo Chiesa, presidente de Confederaciones Rurales Argentinas (CRA). “Claramente hay una operación para que los productores vendan, pero hoy llegan mal financieramente y es posible que las ventas sean superiores al promedio de las últimas campañas”, añade. “A muchos ya no les entra un pedido más de crédito en la carpeta del banco”, describe.

Para el ruralista, los focos de la atención deberían estar puestos en la exportación. “Tienen un plazo para liquidar divisas de nueve años y medio, ¿a nadie se le ocurrió corregir eso?”, se pregunta. Un exportador, que pide reserva de su nombre, dice en cambio que esa medida favorece la previsibilidad del negocio.

Más allá de ese debate, hay otras ideas que el “círculo rojo” tiene en carpeta y que busca desempolvar cada vez que el dólar escala: la suba de retenciones. “Están jugando con fuego si hacen eso; a los oídos del Presidente llegan esas propuestas, pero cuando preguntamos nos dicen que no lo va a hacer”, dice Chiesa, que, no obstante, se guarda un margen para la desconfianza porque en julio pasado habían recibido una negativa similar y dos meses después las retenciones volvieron.

“Se olvidan de que el campo tiene los insumos y el precio de la energía dolarizados, de que lo que más interesa es el poder de compra de lo que produce”, dice, en referencia a quienes propugnan la suba de los derechos de exportación cada vez que hay apreciación fuerte del tipo de cambio.

A su vez, recuerda la realidad diferente de las actividades agropecuarias. “La lechería y las economías regionales están mal. A muchas, que tienen productos con mayor grado de elaboración, las retenciones las están dañando”, dice el presidente de CRA.

Las discusiones sobre la coyuntura empañan los avances sobre las medidas de largo plazo. En la mesa de competitividad sobre logística que se realizó esta semana se destacaron las mejoras que significa para la producción el uso de bitrenes y camiones escalabres, que permiten aumentar el volumen de carga por encima de las 45 toneladas y llegar a 52 t.

“Nosotros insistimos en que hay que solucionar los problemas de los caminos rurales, sabemos que tienen jurisdicción municipal y en algunos casos provincial, como nos respondieron, pero el bolsillo del productor es uno solo a la hora de hacer frente a las tasas municipales”, recuerda, como si hiciera falta hacerlo, el presidente de CRA. Recetas mágicas no hay, se sabe, pero es mejor encarar la solución de los problemas que quedarse solo con una cara para resolverlos.

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