El problema del juego: la Selección no puede ni con Messi ni sin Messi

Hay un dato absolutamente superfluo que no deja de llamar la atención: el mejor jugador del mundo y el director técnico llamado a terminar con el dilema que el otro representa se llaman igual. Una de dos: se trata de un augurio, un designio divino, o es que a esta altura del partido nos aferramos…

El problema del juego: la Selección no puede ni con Messi ni sin Messi

Hay un dato absolutamente superfluo que no deja de llamar la atención: el mejor jugador del mundo y el director técnico llamado a terminar con el dilema que el otro representa se llaman igual. Una de dos: se trata de un augurio, un designio divino, o es que a esta altura del partido nos aferramos a cualquier cosa con tal de que termine la pesadilla que lleva casi 14 años y Messi nos haga campeones como en el Barcelona.

Bromas al margen, está claro que con el mejor de todos no alcanza. La sociedad futbolera -y la otra también- tiene su diagnóstico respecto de por qué es uno allá y otro acá. Y nadie les torcerá el brazo ni a unos ni a otros. Ni a los que creen que todo pasa por él (la teoría de que no canta el Himno nacional, viene y se va cuando quiere, no tiene hambre, Maradona hay uno solo y todos los etcéteras del caso), ni a los que entienden que allá tiene lo que acá no (orden, contención, un equipo y un club que lo respaldan) y que la presión de 42 millones de argentinos en el lomo es insostenible.

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El asunto es que además de Messi, para Messi o a pesar de Messi, debe haber una Selección. Y eso es lo que no aparece. Llevamos cuatro Mundiales ilusionándonos con su presencia y al final siempre sonríen otros. 

Falta un equipo que tenga una manera definida de jugar, un esquema y una columna vertebral a la que se retoque hasta encontrar el mejor equipo para la idea elegida. Un proyecto que incluya a Messi pero que lo exceda. Y un grupo de futbolistas que, aun maravillados por jugar al lado del mejor, tomen la posta y jueguen. 

La minigira euroafricana permitió percibir con claridad el nudo del problema. La mayoría de los futbolistas de la Selección tiene dificultades para jugar con Messi y también para jugar sin él. Messidependencia cuando está y cuando no está. Falta de coraje para no dársela siempre, aun marcado por cuatro, para romper el molde que el propio Leo rompió tantas veces ante tanto compañero crack. Y problemas para disimular su ausencia, esa que suele ocurrir en cada segundo partido de cada gira.

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A propósito: Messi ya se entrenó con normalidad y será titular el fin de semana ante Español. Su equipo lo necesita para terminar de asegurarse la Liga y él dirá presente en el Camp Nou. Quien imaginó que la molestia de Madrid lo marginaría del derbi catalán estaba mirando otro canal

Se llame igual que él o no, es tarea de Scaloni elegir un sistema (no hay miles, eh?), armar una base y recuperar la autoestima perdida. Por ahí el Lionel famoso se suma, encuentra campo fértil y compañeros menos obedientes y entonces sí, salimos de pobres.

Después, claro, hará falta que todos los demás bajemos un poquito los decibeles. Que no nos sentemos a ver cómo se las arregla para terminar con nuestras propias frustraciones. Hará falta que algunos dejen de servirse una cerveza frente a la tele con el tuit listo para felicitarlo por los tres goles al Betis y exigirle que los haga aquí.  Pero esa es otra historia.

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