La selección tiene una buena noticia

Fuente: Reuters 26 de marzo de 2019  • 23:59 Cuando se llega al fondo, lo que sigue es ir para arriba porque más abajo no hay nada. ¿O sí? Cíclicamente, la selección argentina de los diez técnicos en los últimos 15 años renueva la sentencia: no se puede estar peor. Pero ocurre que a cada…

La selección tiene una buena noticia

Fuente: Reuters
26 de marzo de 2019  • 23:59

Cuando se llega al fondo, lo que sigue es ir para arriba porque más abajo no hay nada. ¿O sí? Cíclicamente, la

selección argentina

de los diez técnicos en los últimos 15 años renueva la sentencia: no se puede estar peor. Pero ocurre que a cada paso la frase se pone en ridículo, se minimiza, pierde valor. ¿Hasta cuándo se podrá decir que lo que acaba de suceder, la foto de un día cualquiera de estos años, es lo más bajo que se pudo haber caído? El viento que cruzó el estadio marroquí donde ayer jugó la selección no se llevó consigo todos los males que le dan contexto: improvisación, falta de rebeldía, ausencia de liderazgo, mala elección de los rivales, inexperiencia del entrenador. En esa conjunción anida la buena noticia, la trampa: la selección no puede estar peor. Hasta nuevo aviso.

La victoria conseguida en Tánger fue el cierre de los peores diez días del ciclo de Lionel Scaloni. Sus errores estratégicos en la derrota ante Venezuela y el desarrollo anormal del partido con Marruecos -el fuerte viento condicionó todo- impiden hacer lecturas positivas que superen un test de seriedad. ¿Los “increíbles” 15 minutos de Zaracho, ampliamente elogiado por el DT? ¿La inserción de Matías Suárez? ¿El liderazgo de Pezzella? ¿Los tres entrenamientos más o menos a fondo? Difícil concebir una planificación con 30 jugadores sobre el césped: “Si hacemos un 11 contra 11 quedan 8 mirando. Así es difícil”, le decía a
LA NACION uno de los futbolistas en Madrid.

Quedarse solo con la figura de Scaloni como eje del análisis, de todos modos, es mirar el árbol en vez del bosque. Al entrenador lo puso allí Tapia, que luego llamó a Menotti, que no conocía a Scaloni. La AFA, según muestran los balances, mejoró notablemente sus números, pero sigue fallando en la mirada estratégica. Que se elija a un técnico sin ningún antecedente, y encima ponerle plazo, es una falla estructural: no se puede crear un proyecto alrededor de una cabeza que nace débil. No hay mirada de mediano plazo posible cuando el que manda no tiene más margen que unos meses. ¿Para qué sirvió este tiempo, el que siguió a la debacle de Rusia? Para aumentar exageradamente la cantidad de jugadores que debutaron en la selección, como si llegar a ella no fuera un premio sino una prueba al alcance de cualquiera que junte tres partidos buenos en su club. Y poco más.

¿Y Messi? Los indicios solo indican que esa cuestión central va de mal en peor. Volvió cuando quiso -no porque recién ahora lo convocaron, como ridículamente quiso instalar Tapia- y no le hizo honor al rol de capitán. No hay liderazgo contagioso si el mejor de todos se mueve en silencio hacia afuera (nada dijo sobre pasado, presente y futuro) y se lo complace hacia adentro en todo lo que desee: poner las condiciones de su regreso, por ejemplo. Y la AFA no da una señal que la aleje de la peor de todas las Messidependencias posibles: la enfermiza. El video que publicó sobre su regreso y el comunicado inverosímil que justificó su deserción del partido de ayer retratan una manera de conducir que no guía: da volantazos. Y así, difícilmente la selección encuentre el camino que la lleve hacia un futuro mejor.

Así que a celebrar: no se puede estar peor. Quizás mañana sí.

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